* por Aldo Nilo Muñiz

En tiempos tan difíciles como los que, lamentablemente, debimos acostumbrarnos a vivir los argentinos en general y los porteños en particular; cuando los valores éticos y morales que deben sustentar las acciones individuales han entrado en crisis, y las nuevas generaciones tienen dificultades para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.
Entonces es cuando los que desarrollamos casi sin quererlo una función social, como los dirigentes de los Clubes de Barrio, debemos asumir que ante el fracaso de la dirigencia política y debido al trabajo desinteresado y eficiente que llevamos a cabo, nos hemos convertido en referentes.
Ante esta realidad no buscada pero que nos arrolla, estamos obligados a asumir que debemos diseñar una acción política – en el sentido social – para conducir Nuestras Instituciones.
Y para poder hacerlo debemos tener muy en claro las respuestas a dos preguntas medulares: ¿porqué estamos? , Y, ¿para qué estamos?.
Estamos porque el estado a través de la escuela ya no solo instruye sino que en la medida de lo posible y con medios siempre escasos y mal administrados debe procurar a los niños asistencia médica, psicológica y sobre todo alimentaria .
Y estamos para brindarle a los niños contención fuera de los horarios de clases; educación en el más amplio de los sentidos: moral y ética; prevención contra la drogadicción y el tabaquismo; disciplina física y mental; modelos a quienes imitar; iniciación y cultura deportiva; interés y respeto por el patrimonio compartido representado en las instalaciones del Club ; ejemplo en la administración de la propiedad común; consideración y respeto al adversario ocasional, que es un compañero de juegos y no un enemigo a vencer sin reparar en medios.
En fin, podría seguir agrandando la lista. Pero creo que con lo expuesto basta para comprender que cumplimos una función social tan importante, o más, que la escuela. Y a un costo infinitamente menor. En los clubes de barrio no solo no tenemos "ñoquis", sino que la inmensa mayoría no cobra por su trabajo, al contrario, paga por hacerlo.
Debe ser por eso que las autoridades no quieren que el ejemplo cunda; no vaya a ser que después la ciudadanía pretenda que el sistema se extienda.
Las funciones que entre nosotros cumplen los Clubes de barrio en los países serios están a cargo de la escuela pública y a costo del estado.
Nuestra acción política debe estar orientada a una distribución de fondos mas transparente y apoyando a quienes mejor cumplen la función que les corresponde. Debe instaurarse un sistema de premios y castigos.
Tengamos esto en cuenta y sepamos juzgar toda vez que debamos elegir autoridades comunales.